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November 19 La mentira de la verdad
LA MENTIRA DE LA VERDAD Una historia popular india cuenta que un joven príncipe, galopando por sus tierras, se enamoró apasionadamente de una joven campesina y le pidió la mano inmediatamente. Pero el padre de la joven le dijo: -No puedo darte a mi hija, porque tú no conoces la verdad. Búscala, encuéntrala, vuelve y te daré a mi hija. El príncipe se lanzó en busca de la verdad sin esperar un instante. La buscó por los campos, por los bosques, en las orillas de los ríos, la buscó en las ciudades y en los desiertos. Preguntaba: -¿Habéis visto la verdad? ¿La conocéis? ¿Sabéis dónde podría encontrarla? En todas partes le contestaban que la verdad no estaba allí. Sí, claro, antaño la habían conocido, había pasado por aquella ciudad o cerca de aquel río, pero sin demorarse, sin permanecer mucho tiempo. No había tardado nada en marcharse. ¿En qué dirección? No se sabía con exactitud. La verdad estaba en otro lugar, más lejos, mucho más lejos. -Aquí -le decían al príncipe-, ya no la conocemos. Su obstinada e incansable búsqueda duró varios años. Al final, cansado, desanimado, el pelo ya blanco, se sentó en la cima de una montaña, cerca de la entrada de una cueva. Quería descansar un momento y se sentía a punto de abandonar la búsqueda. Oyó un ruido, una especie de gruñido, procedente del interior de la cueva. Se levantó y se acercó, empuñando su espada, temiendo la presencia de una bestia, de un oso. Vislumbró una tosca y sombría silueta, que le pareció la de una mujer. Entró en la cueva, donde reinaba un hedor fétido. Allí, cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, vio a una mujer vieja y feísima, cubierta de pústulas y chancros, llena de arrugas, pelada, apestosa, agachada en el suelo. Ella levantó la mirada de ojos glaucos y le preguntó qué deseaba. -Busco la verdad -dijo él. -La has encontrado -contestó ella. -¿Tú eres la verdad? -Sí. -¿Cómo estar seguro? Ella le dio varias pruebas: por ejemplo, lo sabía todo sobre él, su nombre, su edad, su aventura. Él le preguntó: -¿Soy el primero en encontrarte? -Eres el primero. Tras un momento de sorpresa, el príncipe añadió: -Estoy muy contento de haberte encontrado. Voy a poder casarme con la mujer que amo, si es que ella me ha esperado. ¿Qué quieres que les diga a los hombres de tu parte? -No les digas nada. -¡Pero todos quieren conocerte! ¡Van a interrogarme! ¡Algo tendré que contarles! ¿Qué voy a decirles? Entonces la repugnante mujer le contestó al príncipe: -Diles que soy joven y hermosa. (Jean-Claude Carriere, El círculo de los mentirosos)
nada pudo contigo amor...
Amor
Ya ves que nada pudo, contigo amor, ni las pruebas de los años ni los celos infundidos ni las aventuras secretas ni el beso furtivo ni las ansias nocturnas del deseo prohibido ni las ausencias obligadas del enojo torturante Ni siquiera, amor, el desdén o el odio... la rabia o la risa la alegría o la tristeza... Tampoco el naufragio de tu vida... Ya ves que nada pudo, contigo amor...
(Néstor Martínez) November 18 Quiero entonces ver...
Otra vez sentado aquí, en la fría madrugada. Los ojos arden y los sonidos se apagan lentamente, al ritmo de mis dedos golpeando el teclado que me mira mientras lentamente lo recorro letra por letra, sonido por sonido, suspiro por suspiro. Mis ventanas están cerradas con sus cortinas, tal vez por los temores que aguardan en la noche… tal vez porque ver la calle nocturna es siempre una tentación a caminarla, tal vez porque cansado y rendido ya no queda valentía que palpite en mi pecho, solo una corta canción sobre gracia y salvación. Quiero entonces ver, quiero abrir mis cortinas porque darle la bienvenida al sol despierto tiene mucho más sentido que dejar que me despierte con su calor natural. Las ideas se esquivan con mucha sencillez, evitando así la exposición a la casualidad, parece que se deslizan poco a poco y yo entre ellas, hoy quiero ser invisible a sus sensaciones, quiero que no me busquen o mejor que no me encuentren, quiero evadirlas para hallar sopor, para buscar el sueño que se me escapa entre mis propios dolores, que se quiere confundir para que no lo busque, para que desde un tejado lo adivine en gabardinas de cuello elevado y capa larga. Aquí en la noche te espero y te espero hasta el sol del día siguiente. Esperando que una distante llamada o una estrella me comunique que si estás ahí, que no aguardo en vano. Mas te veo vacía, con la mirada llena de angustia ¿acaso de rabia? Veo tus largos labios rojos, rojos de ira o tal vez rojos de indiferencia que se niegan a expresarme nada, tu piel blanca adornada con el oscuro pelo que no tiene empacho en pasearse con picardía por tu rostro, solo para tentarme, solo para frenarme. Ahí estás luna, esperando que te busque y que te alcance, mas olvidas que soy humano y que mis pies de la tierra no pueden elevarse demasiado, pero te miro, te miro porque quieres que te mire, porque sabes que te vigilo y no me prestas atención, porque estás ahí solo rozándome con tu indiferencia mientras te grito en silencio, mientras te extraño en tus huellas, en donde pasas y yo no puedo seguirte, escondida en páginas y comentarios sueltos, ahí, precisamente ahí presente y disuelta en todo. Solo te pido una tregua mi querida luna, mi querida ausencia feroz, donde te retires de mi mente y no me obligues a buscarte con el aroma que despides lenta y deliciosamente, deja de mostrarme tu rostro para dejarme dormir, para buscar el sol en la mañana. (Goggins Godot)
November 15 Días Grises
Días Grises Los hay, desde luego. ¡Y muy frecuentes! Hay días en los que brilla el sol, la vida sigue como siempre: las cosas no han cambiado, nada urgente nos falta en apariencia y sin embargo... Nos sentimos mal, como incompletos, como... insuficientes, como desalentados y extraños. Ese día en que abres los ojos y no sabes por qué, traes un desánimo que te nació en el sueño, que te brotó en lo alto de la noche y se filtró a tu alma gracias a quién sabe que asociaciones oscuras y angustiosas. Ese día en que te cuesta trabajo levantarte. ¡Ayer estaba todo bien! Ese día en que presientes que nada va a ir como tú lo deseaste, ese día que no tiene color, cuyas primeras horas son de laxitud, recelo o ligera zozobra. Ese día, es un día que nació gris. Nunca se puede evitar esto. La química de nuestro cuerpo, la inercia de nuestra psique, la reacción desconocida de factores internos a estímulos que no descubrimos todavía, nos quieren pintar este día de gris. Gris opaco. Gris depresivo. Gris pasivo. Gris marginal. Pero... Lo que sí puedes hacer, cuanto antes, es tomar tú mismo, tú misma, la decisión de activar tus propios pinceles y aprovechar ese gris neutro para inundarlo de figuras diversas: ¡Flechas verdes, curvas doradas, zig-zags blancos, puntos azules! Puedes convertir en unos cuantos segundos o minutos ese panorama triste en un deseo realizable, un canto que te estimule, un silencio que te hable. No hay días grises... ¡todos son iguales! Quien les da color eres tú. Quien es capaz de alegrarse con la lluvia o admirar la tempestad, eres tú. Quien se echa a llorar bajo un sol espléndido o un cielo maravilloso, eres tú. Porque no son los días los que te dan color. Eres tú quien puede pintar como desees, cada día. Si sientes que comienza todo gris... ¡Decídete y llénalo de color! Cierra los ojos. Respira hondo, piensa claro... ¡Y vive como nunca el día de hoy! ¡Los mejores colores de la vida están siempre dentro de ti mismo! Abrir los ojos a otro día, es un regalo que no siempre vas a tener. (de la Red)
Pintame cada día una sonrisa con tus colores!! BESOS para que no te falten
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