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February 23
¿ Cómo nace una rosa azul ?
Cuenta una leyenda que cuando a una BrUjA que se enamora de un mortal se le parte el corazón por no ser correspondida, ésta sólo llora una lágrima, que si cae al suelo cerca de un árbol dará origen a un rosal que tendrá rosas azules

Por si este maleficio habla del peligro Mira las llamas rojas del amor en las sombras
Nooo
Ese es el sonido más dulce que conocen mis oídos qué hechizo Me lleva hasta tu nombre sí Si
No
Sacude el interior tus ojos de carbon Cuál será el exorcismo dímelo ahhhh
Qué clase de brujería domina mi corazón Un Halloween de mentiras, mentiras
No sigas no
Qué clase de brujería encendida en mi razón Pero me matas de amor sin salida y que haría yo
Es como un aquelarre por los que se esconde entre mis fantasías en la piel que se anima no No
Sí
Conocí a una gitana de unas de gato Las plumas de lechuza y el árbol de un cilantro, sí Sí
No
Me dice mi emoción que no me niegue hoy trepan de tu escoba y ya se convirtió
Qué clase de brujería domina mi corazón Un Halloween de mentiras, mentiras
No sigas no
Qué clase de brujería encendida en mi razón Pero me matas de amor sin salida y qué haría yo …
( Shakira )
HADAS Y BRUJAS
Mitad de mi es hada y la otra mitad bruja. Una escribe con sol, la otra escribe con luna. Una anda por las calles canturreando bajito, la otra camina de noche dando de comer a su sombra. Una es seria, la otra sonríe; una vuela, la otra es pesada, una sueña despierta la otra sueña en la cama.
(Autor: Rossanna Murray) February 17
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El amor brujo (libreto)
Introducción y escena
(La acción tiene lugar en Cádiz. Es de noche. Los gitanos tiran los naipes para descubrir la suerte en el amor. Candela, triste por amor, canta)
Canción del amor dolido
¡Ay! Yo no sé qué siento, ni sé qué me pasa cuando éste mardito gitano me farta. ¡Ay! Candela qué ardes… más arde el infierno que toíta mi sangre abrasá de celos! ¡Ay! Cuando el río suena ¿qué querrá decir? Por querer a otra se orvía de mí! ¡Ay! Cuando el fuego abrasa… Cuando el río suena… Si el agua no mata el fuego, a mí el penar me condena, a mí el querer me envenena, a mí me matan las penas.
Sortilegio
(Al llegar la media noche, los gitanos realizan sus rituales. Echan incienso en un brasero y perfuman el aire mientras Candela baila la "Danza del fin del día". Al finalizar el baile, llega una gitana y tomando de las manos a un gitano se marcha con él)
Escena
(cuando los enamorados salen, Candela recita)
Romance del Pescador
Por un camino iba yo buscando la dicha mía; lo que mis sacais miraron mi corasón no lo orvía. Por la verea iba yo. A cuantos le conocían - ¿le habéis visto? - preguntaba, y nadie me respondía. Por el camino iba yo y mi amor no parecía. Er yanto der corasón por er rostro me caía. La verea se estrechaba y er día se iba acabando. A la oriyita der río estaba un hombre pescando. Mientras las aguas corrían iba er pescador cantando! ¡No quiero apresar los pececillos del río; quiero hallar un corasón que se me ha perdío! Pescador que estás pescando, si has perdido un corasón, a mi me lo están robando a traición. Er agua se levantó al oír hablar de penas de amantes y dijo con ronca voz: ¡Pescador y caminante, si sufrís los dos, en er monte hay una cueva, en la cueva hay una bruja que sabe hechisos de amor! Idla a buscar que eya remedio os dará! Esto dijo er río, esto habrá que haser... ¡A la cueva de la bruja tengo que acudir! ¡si eya no me da er remedio me quiero morir!
Intermedio
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Introducción
(Misteriosa cueva de la bruja)
Escena
Danza del fuego
Interludio
(Entra Candela y canta)
Canción del Fuego
Lo mismo que er fuego fatuo, lo mismito es er queré. Le juyes y te persigue, le yamas y echa a corré. ¡Lo mismo que er fuego fatuo, lo mismito es er queré! Nace en las noches de agosto, cuando aprieta la calor. Va corriendo por los campos en busca de un corasón... ¡Lo mismo que er fuego fatuo, lo mismito es er queré! ¡Malhaya los ojos negros que le alcanzaron a ver! ¡Malhaya er corasón triste que en su yama quiso arder! ¡Lo mismo que er fuego fatuo se desvanece er queré!
(Candela comienza a recitar el conjuro)
Conjuro para Reconquistar el Amor Perdido
¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! ¡Quiero que er hombre que me ha orvidao me venga a buscar! ¡Cabeza de toro, ojos de león!... ¡Mi amor está lejos... que escuche mi voz! ¡Que venga, que venga!... ¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! ¡Quiero que er hombre que me quería me venga a buscar! ¡Elena, Elena, hija de rey y reina!... Que no pueda parar ni sosegar, ni en cama acostao, ni en silla sentao... hasta que a mi poder venga a parar! ¡Que venga, que venga!... ¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! ¡Quiero que er hombre que me ha engañao me venga a buscar! Me asomé a la puerta al salir er sol... Un hombre vestío de colorao pasó... Le he preguntao y me ha contestao que iba con los cordeles de los siete ahorcaos... Y yo le he dicho: ¡Que venga, que venga! ¡Pajarito blanco que en er viento viene volando!... ¡Que venga, que venga! ¡Entro y convengo en el pacto! ¡Pa que venga! ¡Pa que venga! ¡Pa que venga! ¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! ¡Quiero que er hombre que era mi vía me venga a buscar!
Escena
(Al finalizar el sortilegio, llega el enamorado. Candela baila y canta)
Danza y Canción de la Bruja Fingida
(también conocida como Danza del juego de amor)
¡Tú eres aquél mal gitano que una gitana quería!... ¡El querer que eya te daba, tú no te lo merecías!... ¡Quién la había de decir que con otra la vendías!... ¡No te acerques, no me mires, que soy bruja consumá; y er que se atreva a tocarme la mano se abrasará! ¡Soy la voz de tu destino! ¡Soy er fuego en que te abrasas! ¡Soy er viento en que suspiras! ¡Soy la mar en que naufragas!
Final
(El toque de campanas anuncia un nuevo día y la reconciliación de los amantes)
¡Ya está despuntando er día! ¡Cantad, campanas, cantad! ¡que vuerve la gloria mía!
(dedicado a MAYSON) February 16
En cada esquina de mi casa, en cada cosa que me pasa voy sintiendo su presencia que me mira. Voy por todos los rincones, registrando los cajones, revolviendo hasta encontrar el alma mía.
Y me someto a tu ser, y ya no se que hacer es el amor que a mí me domina.
No tengo ganas de salir, no tengo ganas de comer no tengo ganas de vivir otra aventura,
Con tu cuerpo me caliento, con tus besos me alimento porque tú eres mi única locura.
[Estribillo] Y ya no se qué hacer, voy a empezar a creer que es una brujería, ya no hay remedio para el alma mía, solo deseo tu cuerpo caliente y tu mirada como fuego ardiente, que me quema codo a codo y me convierte en el objeto de tu brujería ya no hay remedio para el alma mía, tú me dominas con solo mirarme
y no hace falta cuerda para darme soy una fiera incongelable, no me abran yo me escapo de la jaula por amor.
En cada esquina de mi casa, en cada cosa que me pasa voy sintiendo su presencia que me mira. Voy por todos los rincones, registrando los cajones, revolviendo hasta encontrar el alma mía.
Y me someto a tu ser, y ya no se que hacer es el amor que a mí me domina.
No hay receta, ni alcohol puro ni remedio de otro tiempo
que me saque la obsesión de la cabeza, ni la fantástica lechuza, ni las alas de una musa, ni besitos por debajo de la mesa.
[estribillo]
Mezcla un poquito de alegría con un poco de fantasía y me responde tu amor, quisiera que tú me envolvieras con tu cuerpo de hechicera qué más quisiera yo, tu amor,
tu amor.
(Sabroso Brujería) )

Amor abierto
El verdadero amor jamás duerme la siesta, atento en la ventana otea la tristeza, enciende sus radares, despliega sus antenas, no agota su semilla en un cantero sólo, el verdadero amor no llora como un bobo; ay del amor que se cierra, que no hace sonar su corneta, ay del amor circunscripto a la tramoya del mito, ay de la historia de un beso que sólo supo ser eso; y porque te quiero me parto en tres mitades y en cuatro, en tu ternura me pierdo y en tu conciencia me encuentro, amo tus multitudes, tu vuelo abierto sobre las nubes. El verdadero amor es uno y numeroso, amigo de festines, borracho y quisquilloso, su limpia inteligencia se entera de la pena, se salta las distancias con tres palabras locas, el verdadero amor se mira y se toca; ay del amor que se muere sin demostrar lo que puede, ay del amor legislado, que mira todo de lado, ay del romance nocturno con los suspiros de turno, ay del amor egoísta, sentimental, costumbrista, ay del amor encerrado en un hogar con candado, por eso te quiero libre con este amor liberado, con este amor infinito, con este amor preocupado, con este amor que se abre por todos los costados.
Letra y música: Luis Barros

Bruja, si aterrizas con tu escoba una día en mi balcón ve con cuidado yo disparo siempre al corazón En tus redes no me atraparás como a un ratón Bruja, aunque vengas disfrazada de Marilyn Monroe Piénsatelo bien antes de poner tu pie en mi balcón no sea que tu escoba me barra la alcoba y me haga de bastón ¿Qué van a decir todos los que a ti Bruja te llaman? si saben que besas, lloras, te enamoras y me haces la cama. No había debajo del disfraz que te ponías tú más que una niña a la espera de algún principe azul ibas para reina pero un hechicero te dejo así convertida en una pobre bruja del montón. Piénsatelo bien antes de poner tu pie en mi balcón no sea que tu escoba me barra la alcoba y me haga de bastón ¿ Qué van a decir todos los que a ti Bruja te llaman? si saben que besas, lloras, te enamoras y me haces la cama.
Joaquín Sabina
BrUjA  February 12
Corazón Tierno
Aquella noche fría de febrero, a la bruja Claudia no se le ocurrió mejor cosa que desempolvar una de sus escobas de propulsión a estrellas, embadurnarse el rostro con ungüentos y precipitarse acantilado abajo como hacía antaño, cuando sus salidas a la intemperie de la noche no se hacían tanto de esperar. Hubo tiempos en que la peculiar naturaleza de su búsqueda encendía sus pasiones de aventura, enardecidas por cierta esperanza irracional en la consecución de sus fines, y entonces prodigaba los saltos al aire nocturno con una avidez desaforada, sintiéndose pletórica de magia y dejando los cielos surcados de polvos de estrellas. Pero el paso del tiempo le había hecho preferir el fuego confortable de su chimenea y un paulatino conformismo respecto a su soledad se había ido adueñando de su vida. De modo que durante meses sus escobas habían permanecido descuidadamente amontonadas en el trastero de sus aposentos privados, envueltas con montones de tupidas telarañas. Pero aquella noche de febrero, tras haberse despertado de su larguísimo sueño vespertino, se había observado atentamente a los ojos en el espejo de la cámara nupcial, mientras cepillaba su interminable cabellera negra, había sopesado la belleza inconmensurable de su cuerpo inmortal, y habiéndose percatado del brillo inmarchitable que florecía sin interrupción en el fondo de sus pupilas, había cogido inconscientemente su polvera de maquillaje de Egipto.
Así que dedicó todo su empeño, en las dos horas siguientes, a acicalarse el cuerpo de bruja que durante siglos había permanecido incólume al paso de las épocas. Cuando su rostro hubo adquirido el brillo de la eternidad, se vistió con una larga túnica negra ajustada a su cintura de odalisca y se calzó unos botines también negros de tacón alto que se le apretaban como un guante hasta la altura de la rodilla. Escogió su sombrero picudo más elegante, con una enorme hebilla de plata en el frente y forrado de lana por dentro para no constiparse. Llenó su bolso de bandolera de mejunjes para hechizos urgentes, roció el revés de sus orejas con esencia perfumada de almizcle y dio un beso de buenas noches a su lechuza Timotea, que la miraba con la aparente sorpresa incontenible con que suelen mirar las lechuzas. Aún no del todo repuesta de la fulgurante determinación de su decisión (estaba a punto de volverse atrás en su empeño), Claudia pasó revista a las escobas disponibles y escogió una preciosa, con un exuberante manojo de palmitos atado con varias cintas de seda multicolores y un mango de madera noble barnizada. Revisó el depósito de estrellas, que estaba prácticamente vacío, y lo rellenó con estrellitas mágicas recogidas a última hora del crepúsculo de una noche de luna nueva. Se la echó al hombro, tarareando una canción de brujas muy conocida, y se dirigió al borde del acantilado, sobre el que se dominaba buena parte de la ciudad e incluso el mar a lo lejos, en los días en que no aparecía la niebla. Se la ajustó bien entre las piernas, después de haberse enrollado la túnica a la cintura, y se dejó resbalar al vacío como a ella le gustaba, planeando al antojo de los vientos, antes de enderezar el rumbo. De modo que tras algunos baches atmosféricos sin importancia salió disparada dejando tras de sí un hálito de lucecitas diminutas.
Mucha gente confunde la estela que va dejando la escoba de una bruja con estrellas fugaces, y entonces se empeña en pedir deseos imposibles y se jacta delante de sus amigos de la suerte que ha tenido al poder contemplar un espectáculo semejante. Por eso no puede culparse a Cornelio, que tenía una afición considerable a acodarse noches enteras en el alféizar de la ventana de su cuarto mientras fumaba un cigarrillo tras otro, observando el cielo como si interrogase a la negrura de la noche, de que al ver a Claudia en la lejanía pilotando diestramente su escoba, la confundiera al instante con alguna estrella desprendida de improviso de las alturas, renegada o expulsada por algún motivo inconcebible de la bóveda celeste, y que sin duda iría a descalabrarse en el más remoto confín del universo, en una especie de basurero de estrellas moribundas o algo así. No obstante, no pidió ningún deseo. Era muy escéptico con respecto a la culminación de los deseos, de sus propios deseos. Además, en los planes de la gran mayoría de las personas, y mucho más en el caso de Cornelio, no entra nunca la posibilidad de ver brujas voladoras, lo cual es hasta cierto punto lógico.
La bruja Claudia siempre llevó una vida decente y ordenada, aunque también hasta cierto punto, claro. En sus buenos tiempos de bruja pícara y malévola había hecho gala de una arrogancia y de un orgullo que la hacían temible ante sus propias compañeras. Sus maleficios eran osados y temerarios, y muchas novicias e incluso brujas experimentadas alimentaban en silencio una envidia creciente que llegó a granjearle muchas enemistades dispuestas a hacerle la vida imposible. Con ocasión de un Aquelarre de Confraternidad celebrado durante la epidemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV, y en donde se hacía un balance informal sobre los resultados de la campaña del último año, una de las participantes deslizó un bebedizo de su invención en el cáliz de nácar de Claudia mientras ella no se daba cuenta. Nada más mojar los labios en la pócima emponzoñada se sintió repentinamente mal, como fuera de sus casillas, y ante la sorpresa general propinó un solemne escobazo sobre la nariz de una de las jefas de brujas más importantes. Esta buena señora se sintió tan ultrajada por el golpe recibido y tan avergonzada por las risas burlonas de sus compañeras, que amenazadoramente se levantó, y señalando a Claudia con un dedo largo y torcido, le echó una maldición. Le vino a decir que hasta que no encontrara un corazón tierno entre los humanos estaría condenada a vivir sola y apartada del resto de las brujas. A Claudia se le ocurrió preguntar, inocentemente, que qué era un corazón tierno. La otra le contestó, entre risitas y con cierto aire de misterio, que ya sabría reconocerlo cuando lo tuviera delante. Claudia, por tanto, se retiró cabizbaja y dejó de asistir a aquelarres y a banquetes honoríficos, y se recluyó en un viejo caserón en las afueras de una ciudad cualquiera, dedicándose desde entonces a profundizar en el estudio de la alquimia, una de sus grandes pasiones. Y desde ese siglo XIV ha vivido sola y melancólica, a la espera de los corazones tiernos de los que no entiende nada en absoluto.
A Claudia le encantaba sentir posarse sobre su piel el viento marino, sazonado de las diminutas motitas de espuma que flotaban después de que las olas rompieran su furia contra las rocas del acantilado. Forzaba la velocidad de su escoba y se le ocurrían mil y una acrobacias aéreas. Practicaba temerarios rizos entre las nubes ensortijadas, se dejaba caer en picado aullando de placer, para después volver a enderezarse en el último segundo y hacer un arriesgado vuelo rasante rozando las antenas de televisión de los tejados y sorteando enormes edificios de hormigón. A continuación, para recuperar el resuello perdido, se sentaba en una nube confortable y observaba las luces de la ciudad mientras mordisqueaba una de sus larguísimas uñas. A Claudia también le gustaba, los días de lluvia, pasearse a medianoche por las azoteas solitarias, siguiendo los reflejos de las luces de los edificios más altos en los charcos nacientes punteados por multitud de gotitas de cristal, y sobre todo recostarse sobre nubes grisáceas a punto de reventar para ver caer la lluvia desde arriba. Le gustaba buscar su reflejo huidizo en todas las superficies imaginables del agua. A pesar de ser inmortal y del desgaste que esta contrariedad le acarreaba, se mantenía lozana y joven como una flor en el apogeo de su primavera.
El caso es que volviendo a esa noche fría de febrero, a Claudia le pareció tan extraño ver una ventana iluminada a unas horas tan intempestivas, la única entre todos aquellos mausoleos de apartamentos apagados rellenos de gente durmiente que pegó un brusco frenazo a su escoba y giró en dirección hacia esa luz, movida por la curiosidad. Se hizo invisible para poder fisgonear a su gusto. Acostumbraba a hacerlo cuando sentía cercana una presencia humana. Un hombre joven estaba recostado sobre la cama, leyendo un libro. Al poco rato lo había dejado sobre la mesita de noche y había apagado la luz. Cuando Claudia oyó la respiración tranquila del sueño se las arregló para deslizarse bajo la persiana y colarse en la habitación. Observó el rostro dormido del hombre, plateado de reflejos de luna. Las brujas en general, y sobre todo Claudia, son unas entrometidas incorregibles. Les encanta mirarlo y tocarlo todo. De modo que comenzó a hurgar entre sus cosas. Sobre una mesa cercana a la ventana, atestada de cachivaches, había un cenicero lleno de colillas hasta los bordes. Claudia hizo una mueca de desagrado y lo vació en la papelera que estaba bajo la mesa. Y después, tranquilamente, se sentó en la silla del hombre y hojeó sus papeles. Fue así como descubrió que ese hombre se llamaba Cornelio y que pintaba acuarelas muy bonitas de colores tan suaves como el agua, pero algo raras, porque por mucho que se esforzaba no lograba descifrar lo que representaban. Fue a causa de esos colores tristes y atractivos, difusos como la bruma marina, por lo que Claudia quiso saber más de Cornelio. Sacó su bola de cristal de una de sus mangas y sosteniéndola suavemente con la palma de la mano pronunció en voz muy baja unas palabras mágicas. Retiró la mano muy despacio y la bola de cristal quedó flotando inmóvil en el aire. Poco a poco se iba encendiendo, irradiando desde su centro haces de luz de un color blanco muy intenso, hasta que por fin la habitación adquirió un aspecto de hielo azotado por el brillo del sol, con diminutos guiños de estrellas zigzagueando en el espacio. Claudia investigaba el pasado de los mortales tratando de discernir el calibre de sus corazones. Y proyectándose de esa luz mágica salpicada por las paredes y el techo se podía vislumbrar a Cornelio en algunos episodios de su vida. Cornelio tenía una mirada compungida, preciosa. Fue lo primero que pensó Claudia al verle. Una mirada selectiva y dolorida, dulce y nada estridente. Se podía deducir por lo visto una vida solitaria a la que Cornelio no veía remedio, una sensibilidad y una delicadeza de pétalos de flor voluntariamente recogidas en el baúl de su corazón por una falta abrumadora de correspondencia. Pero esa joya, esa joya preciosa permanecía incólume a la espera de ser compartida, a pesar de las zarpas del destino hostil, de las muertes crueles, de las palizas de los padres, de la enfermedad que le atravesaba, heroicamente solo. Claudia pensó que ya estaba bien. La visión había sido tan vívida que no necesitaba más. Un poco aturdida, sin saber todavía por qué, recogió la bola de cristal y abandonó la habitación de Cornelio, con la extraña sensación de haber encontrado algo por casualidad, algo muy valioso.
Una especie de desasosiego de huracán se adueñó de la bruja Claudia a partir de aquella noche. Ya no quería encerrarse a solas en la mansión de los acantilados. Dio por terminadas las largas veladas ensimismada entre las tórridas páginas de los viejos maestros alquimistas, así como las pócimas de ancas de rana y los olores insufribles del azufre. Presa de una inédita pasión que la enloquecía a fuego lento, escrutaba el rostro de la luna desde los balcones para luego desplegar sus alas de bruja enamorada. Moldeaba copos de nubes y construía peldaños esponjosos hasta el cielo, o camas confortables de colchones de algodón sobre las que soñaba su amor suave con Cornelio. Después atravesaba el aire gélido de la ciudad y espiaba en silencio el hueco iluminado en el que se recortaba su perfil oscuro e inmóvil, hasta que por fin se decidía a acercarse más. Se apoyaba al otro lado de la ventana, por la parte de afuera y suspendida en el vacío, de puntillas sobre la fina madera de su escoba, nariz con nariz enfrente de Cornelio. Fingía que le besaba, que le acariciaba, quizá que le consolaba, amparada por su don de volverse invisible. Velaba su inquietud contenida, tan hermosamente callada, y cuando apagaba la luz y caía dormido entre las sábanas, Claudia siempre le dejaba algún regalo: una nube colgada en la lámpara de la habitación, un trocito de cielo o bien acordes de música susurrados tenuamente a sus oídos. Todos ellos se desvanecían con el resplandor de los primeros rayos de sol, y ella lo sabía, pero es que había encontrado un corazón tierno y ahora no sabía muy bien qué hacer con él.
Efectivamente, los corazones tiernos se reconocen cuando se ven, es inútil que alguien te los intente explicar. La bruja Claudia estaba hecha un lío. Si bien era cierto que la maldición había perdido su poder y Claudia podía volver con sus antiguas camaradas, también era verdad que los corazones tiernos tenían algo hechizante que te iba arrastrando sin que te dieras cuenta, como las mareas. El dilema era bastante peliagudo: o bien regresar o bien quedarse con Cornelio, eso suponiendo que existiera alguna forma de poder quedarse. En el fondo Claudia temía intimidarle si decidía aparecerse ante él. Como bruja no estaba nada mal, si se la comparaba con esos vejestorios de nariz de gancho que daban tan mala fama a la profesión. Pero, ¿Y si Cornelio se atemorizaba al ver una bruja de carne y hueso?. La decisión había de ser muy bien meditada, sin duda. Cuando las brujas tienen algún problema que las carcome, suelen acudir al órgano más cercano para desahogar sus penas con la música. Claudia se había hecho construir uno propio en el sótano de su casa, con largos tubos de madera que se elevaban hasta la chimenea, y cada vez que deslizaba los dedos por el teclado las hojas de los árboles se estremecían con el desgarramiento de sus interpretaciones de Bach, su compositor preferido. Las brujas también se refugian en las imágenes mágicas de sus bolas de cristal, pero esto no le servía a Claudia como remedio. Cada vez que intentaba interrogar a la suya sobre el futuro, ésta se mantenía tercamente muda. Una noche, mientras cocinaba lenguas de serpiente salteadas con cebolla y pimientos morrones, se preguntó si no sería mejor permanecer invisible y no mostrarse jamás a los ojos de Cornelio, ahogar definitivamente sus deseos por el bien de ambos.
Sí, esa era la solución. Claudia decidió permanecer invisible y calmar sus ansias acudiendo periódicamente a la ventana de Cornelio, para poder contemplarlo a sus anchas. Asimismo decidió continuar sus brujerías en solitario, por el momento, pues desacostumbrarse de la soledad después de tantos siglos se le antojaba sumamente difícil. Además, Claudia estaba triste y no le apetecía ver a nadie. A nadie excepto a Cornelio. Había noches, cuando regresaba de vuelta a la mansión, en que no aguantaba más y se ponía a llorar desconsoladamente. Sus lágrimas provocaban verdaderos chaparrones que iban regando las calles que sobrevolaba con su escoba. Tan triste se encontraba que ni siquiera se daba cuenta de lo que sucedía. Un martes y trece del mismo febrero, mientras se encontraba tomando el te con la lechuza Timotea, un mosquito descomunal de aviesas intenciones le agujereó el brazo y después se escapó zumbando alegremente tras esquivar el manotazo instintivo de Claudia. Esta se puso tan furiosa que adoptó inmediatamente la postura de hacer hechizos, con el ceño fruncido y los ojos medio de arpía, con los brazos extendidos como si fueran escopetas a punto de ser disparadas, y le lanzó uno terrible con la mala idea de desintegrarlo en pedacitos. Pero lo único que consiguió fue provocar una nubecilla color púrpura totalmente inofensiva a pocos centímetros de sus dedos y que el mosquito lograse salir indemne y colarse en el tarro de azúcar de encima de la mesita. Algún fallo técnico, pensó Claudia.
Sin embargo, había algo más. En los días sucesivos le asaltó una flacidez progresiva de los músculos y una sensación rara de debilitamiento, vaga y generalizada. Sus abracadabras no tenían ya el éxito de antaño: más bien eran un completo fracaso, y de tanto concentrarse en la acumulación de energía para la obtención de los hechizos, le dolían espantosamente los ojos y los brazos se le quedaban rígidos y amoratados. Qué me esta pasando, se preguntaba desesperadamente. Entre sus habilidades más espectaculares en cuestión de poderes sobrenaturales sobresalía el famoso truco del camaleón, que consistía en poder mudar el color de la piel a su antojo según la tonalidad del objeto que se hallase más próximo, o aquel otro de hacer añicos los espejos, cualquiera que fuese su tamaño simplemente con la intensidad de la mirada. Los practicaba sin cesar, en su gabinete privado de bruja, pero sin ningún resultado. Para colmo de males, su bola de cristal comenzaba a tornarse de un color grisáceo, gelatinoso como el chocolate fundido, y las cada vez más escasas imágenes que de ella recibía estaban plagadas de interferencias, como le ocurre a los televisores viejos gastados por el uso. Atacada de los nervios, echando rayos y centellas por la boca, se dijo que lo mejor sería dar una vuelta para tranquilizarse. Mientras atravesaba nubes blancas espesas como la nieve, a lomos de su escoba más querida, comenzó a fallarle el motor de estrellas. Un problema de carburación, probablemente, pues la estela que la perseguía no tenía el fulgor inmaculado característico que despiden las escobas en buen estado. Claudia no podía más. Se detuvo unos instantes al pie de una nube con forma de capullo de rosa y lloró de nuevo amargamente. Le venía a la memoria, una y otra vez, el recuerdo del rostro de Cornelio, ahora con más vehemencia si cabe. Súbitamente envalentonada, resolvió poner fin a la situación definitivamente. No vería más a Cornelio, y si las ganas se le hacían inaguantables se mordería los labios y se arañaría la carne hasta conseguir desterrarle de su mente por completo. Antes de sepultarse en la mansión de los acantilados para el resto de sus siglos, quiso contemplar por última vez el corazón tierno que había destemplado su vida. A duras penas conseguía dominar el timón de la escoba, reacia al mandato de sus manos, y a punto estuvo de chocar contra duras paredes de cemento. Pero una nueva sorpresa le aguardaba. No había luz en el cuarto de Cornelio, a pesar de que todavía era temprano. Se escurrió por debajo de la persiana y comprobó que no se encontraba dentro. Regresó hasta la ventana tiritando de aflicción y en el camino de vuelta a los acantilados la escoba se le rompió por la mitad, estrellándose en el pavimento de un callejón sombrío y solitario. Las brujas tienen la cabeza muy dura, y también los huesos, así que no es preciso temer por las consecuencias de su accidente. Había caído de costado sobre la acera, y cuando sintió una mano posándose sobre su hombro volvió lentamente el rostro hacia atrás. ¡Cornelio!, exclamó con voz trémula, reconociendo esa mirada compungida embriagadora y suspirando estrellitas de amor. Y curiosamente Cornelio reconoció también los ojos de Claudia, como si secretamente esos ojos le hubieran estado observando desde hacía mucho tiempo.
Publicado por Camille Stein
February 10
Con un conjuro de amor. Hechizo de la pasión. El prisionero tú serás De mi corazón. Bajo la luna los dos Mi mano en tú corazón ¡Eros su amor entrégame! Que lo quiero yo.
[Cantado en Árabe] (Menta, canela y miel Y el sabor de mi piel Es la poción de amor. Que para ti yo haré. Hechicera, hechicera, hechicera por ti seré.)
Con un conjuro de amor. Hechizo de la pasión. El prisionero tú serás De mi corazón.
Mi piel tostada al sol Embruja tu corazón. Mil y una noches yo te haré suspirar de amor.
[Cantado en Árabe] (Menta, canela y miel Y el sabor de mi piel Es la poción de amor. Que para ti yo haré. Hechicera, hechicera, hechicera por ti seré.)
Por la noche entre tus sueños Robaré tus pensamientos. La furia de mis ojos negros Te harán rendirte a mis deseos. Con la danza de mi cuerpo Y el sabor de cada beso. Con el misterio de la noche La luna guardará el secreto. [Cantado en Árabe] (Ay! con el fuego de mi piel... Hechicera! Te tatuaré un corazón... Hechicera! Ya no querrás a otra mujer... Hechicera! Ay! que no sea yo... Hechicera!) [Cantado en Árabe] (Hechicera, hechicera, hechicera por ti seré. Tu hechicera. Tu hechicera. Tu hechicera.)
Malú
February 09
Ronda de Brujas
Siete brujas formaron la ronda, siete brujas con zapatos rosa, siete brujas en escobas verdes, siete brujas con batas celestes. La bruja de la montaña, la bruja del cafetal, la bruja de la llanura, las dos brujas del volcán, una que vive en la selva y la que vino del mar. Siete brujas formaron la ronda en la noche cuajada de luces, siete brujas en escobas verdes, siete brujas en batas celestes
Bruja joven
Triunfan en tu cuerpo todos los pecados, Son tus labios rojos flores de mentira. Son simas de orgullo tus ojos rasgados. Tus palabras roncas, torrentes de ira. Tenazas de gula son tus dientes blancos. Tus pechos, almohadas para la pereza. Y en tu vientre núbil y en tus firmes flancos, la sierpe lujuria yergue la cabeza. No están los estigmas del sábado impresos en tu faz de virgen con que atraes y engañas; mas tu lengua sabe satánicos besos y el amor de chivo quema tus entrañas. Vas al aquelarre donde clama y brinca tropel monstruoso. Tu sola presencia lo para, y sus dardos en tu cuerpo hinca de la obscena turba la concupiscencia. Y al llegar el día te truecas en gata de ojos verdes, alba piel y finas unas; y al que a tu misterio de acercarse trata, le halagas primero, después le rasguñas.
http://brujita.nireblog.com/post/2007/09/03/el-mundo-de-laz-brujas
¿Hada Madrina o Bruja Malvada?
 La cultura popular nos enseña que hay dos tipos de Bruja, la Bruja buena y la Bruja mala. La Bruja buena practica la Magia Blanca y la Bruja mala practica la Magia Negra. Como vivimos en una sociedad dualística esta es una forma natural de pensar, negro y blanco, yin y yang, hombre y mujer, Este y Oeste. Pero esta forma de pensar es demasiado limitada con respecto a las Brujas. Aquí hay algunos ejemplos de los tipos de Brujas y Brujos que encontrarás en tu camino.
 La Bruja Blanca
Las Brujas Blancas no son necesariamente blancas de raza, pueden ser de cualquier raza. Son políticamente correctas a lo extremo. Están a la vanguardia de los derechos humanos, religiosos y paganos, y tienen los Web más informativos y amistosos del Internet. No cobran por sus hechizos o consultas, son activas en los festivales Paganos y pueden ser identificadas por amistad y fe en el ser humano. Se adhieren a la Rede en toda situación, nunca harían un hechizo de amor o de amarradura a otra persona y son una buena fuente de información sobre la Magia
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La Bruja Negra Como la Bruja Blanca, la Negra puede ser de cualquier raza. Su característica más distinguible es su habilidad de encontrar males hechos en sus clientes por terceras personas, los cuales necesitan una gran cantidad de dinero para ser neutralizados. Te cobrarán por cualquier hechizo, y no tienen ningún inconveniente en embrujar a tu jefe para que se le caiga el pelo. La forma más fácil de encontrarlas es mirando tu revista esotérica local, ellas y ellos son los que avisan poder "traerlo de vuelta a tu lado", "hacer que te ame y no te abandone jamás." La adoración al Satán no es parte de la Magia Negra, ni de cualquier tipo de Magia, es una creencia Cristiana y por ello los que se dedican a esto no son considerados parte de la comunidad Pagana, no son Brujos.
 La Bruja Wicca Wicca es una religión basada en la Diosa y su consorte el Dios. Esta Bruja puede ser de cualquier forma, puede ser amistosa o antipática, se le pide seguir la Rede (Credo) pero en ciertas circunstancias no lo hace. Generalmente trabaja en grupos llamados Covens (Cofradías) y siguen la Magia Ritual. Wicca puede ser basada en muchas tradiciones, las más populares son la Celta, Egipcia, Griega o Ecléctica (basada en varias tradiciones).
 La Bruja Solitaria Como el Lobo solitario, la Bruja Solitaria tiene que salir a luz del día en algún punto de su vida, aunque simplemente sea para comparar notas con otras Brujas Solitarias en los forums del Internet. Generalmente son enciclopedias andantes de la Magia en todas sus formas y practicas, y posiblemente las han tratado todas. Detestan a los Conejitos Bonitos o en inglés Fluffy Bunnies, otro tipo de Bruja. No es común encontrarlos en festivales Paganos o en Covens, auque si los puedes encontrar en librerías de segunda mano mirando la sección esotérica en busca de algún libro que nadie conoce. Si quieres aprender rápido hazte amiga de una Bruja Solitaria, pero ten en cuenta que son criaturas sospechosas y tomarán su tiempo antes de darte su nombre y dirección real, aunque seguramente nunca lo harán.
 La Bruja del Caos La Bruja del Caos, o Kaos, raramente se organiza en grupos ya que el solo hecho de organizarse con otras personas va en contra de sus creencias. La Magia del Caos está basada en la voluntad personal y rechazan cualquier personificación de la energía como dioses, espíritus etc., basada también en la teoría del vuelo de mariposa, que causa una tempestad en el otro lado del mundo. Aunque algunos grupos si se han formado, no aceptan la dependencia y al fin del día cada uno tiene que hacer su propia cosa. Los puedes reconocer por su agresividad en discusiones sobre la Magia y su negación a la conformación de cualquier regla o ley como la de la Rede. Una de sus mayores herramientas es la energía generada en el orgasmo.
La Bruja Curandera Hoy en día las Brujas Curanderas son en general Cristianas en su religión y dedicadas a la medicina tradicional de pueblos indígenas de las Américas. Aunque las menciono aquí no se identifican con la Magia ni con ser Bruja, un termino que rechazan y creen maligno. Técnicamente no pertenecen a esta lista, pero en todo otro respecto son Brujas.
 La Bruja Fluffy Bunny o Conejito Bonito Esta Bruja es muy dedicada a todo tema esotérico, conoce personalmente a por lo menos un Ángel y se comunican personalmente con la Diosa y el Dios su consorte, forman grupos y Covens con mucho entusiasmo y se declara Alta Sacerdotisa inmediatamente, por orden de la Diosa. Comúnmente son la reencarnación de Cleopatra o Napoleón.
 La Trinidad La Bruja mitológica que viene en tres personas, la virgen, la madre o seductora, y la vieja. La trinidad sagrada. Este grupo es muy poderoso pues integra las fuerzas femeninas de la persona, y cualquiera de ellas puede tomar las riendas dependiendo de la situación, aunque la Vieja generalmente manda.
Las Brujas practican su arte de muchas formas. La Bruja Solitaria puede que nunca conozca a otra Bruja, mientras la de Coven Wicca no puede ver una vida sin rituales compartidos y las reuniones de un Coven convencional. Pueden ser Cristianas, Wicca, Budistas o muchas otras religiones. Pueden ser de cualquier raza, vivir en cualquier lugar, trabajar de ejecutivas, amas de casa, profesoras, abogadas, estudiantes. Pueden ser cualquier persona con la que te cruces por el camino. Lo que tienen en común es que hacen hechizos, usan la Magia. Usan las energías de la naturaleza, espíritu, mente, para realizar metas que transforman sus vidas. Estudian la naturaleza del ser humano y estudian como crear cosméticos antiarrugas, si esto es lo que quieren hacer. Abren portales a otras realidades y canalizan la energía eternal del amor incondicional a la nuestra para sanar, ayudar, construir e inspirar. Pueden interpretar las sombras del futuro usando oráculos o bolas de cristal, pueden sanar un corazón destrozado usando pociones de hierbas. Si tienes suerte puedes encontrar alguna que te ayude a encontrar el sendero a tu propia Magia y Sabiduría. Su trabajo solo está limitado por sus creencias, religión y la sociedad donde crecieron y viven.
Del libro de :
www.DescubreTuMagia.com. O por email a Inelia@descubretumagia.com February 01
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Fue el último febrero fiesta de carnaval ella era de otro pueblo me hechizó al verla pasar ahí le robé un beso llevaba un antifaz sólo sus ojos negros pude ver y nada más Ella corrió lejos de mí sólo quería jugar yo la seguí la quise alcanzar y ya no estaba ahí Cuando dieron las doce se fue sin avisar como una cenicienta sin zapatos de cristal Perdidos en el corso nadie la vio pasar llevando mis ilusiones en una estrella fugaz Su beso fue la chispa que prendió mi corazón miel en su boca fuego en mi piel nace la pasión Hechicera de carnaval no te escondas de mis besos Vuelve a mi y vamos a bailar porque la fiesta acaba si te vas Hechicera de carnaval Ya no te escondas Sé que me está espiando juega con mi ilusión y yo solo sigo pensando en sus ojos de carbón Se esconde entre la gente y se oculta en su disfraz se nos acaba el tiempo es esta noche o nunca más Cuánto calor puede encender una sola mujer si alguien la ve avísele no la quiero perder Hechicera de carnaval no te escondas de mis besos Vuelve a mí y vamos a bailar porque la fiesta acaba si te vas Hechicera de una noche eterna de carnaval ya no te escondas de mis besos Hechicera vuelve a tiempo a tiempo para bailar porque la fiesta acaba si te vas Hechicera de carnaval no te escondas de mis besos Vuelve a mi y vamos a bailar porque la fiesta acaba si te vas Hechicera de carnaval ya no te escondas de mis besos Vuelve a mí y vamos a bailar porque la fiesta acaba si te vas.
Canción de
Fernando Bergagno
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